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Proyecto Elly Presenta
[ Xenogears: Proyecto Noah
]
Capítulo
1: Sombras que Caen.
Un gigante de fuego hacía sudar a la pequeña aldea con su presencia, mientras los árboles alrededor caían mezclándose en tonos rojos y naranjas, el sonido de las flamas puede ser escuchado como pasos estremecedores que parecían formar un espiral, todo en armonía como una perfecta obra de arte. La voz de inocentes gritando al unísono en una barbacoa no planeada, con sus hogares de madera encendidos como velas, significando la marca de una guerra en todo el lugar.
Los gigantes luchaban, las flamas rodeantes se hacían más brillantes, haciendo destellar la armadura metálica del gigante oscuro en la noche. La aldea está en caos, las flamas contaminaban el área, algunos hogares ya eran cenizos, y la gente corría como hormigas desorientadas. La destrucción sigue sin dar señal de detenerse. Todas las emociones se resumían... en una pintura.
El continente de Ignas, en el hemisferio norte de nuestro mundo. En éste, el más grande continente, una guerra ha estado violentándose entre dos países por cientos de años. En el norte del continente se encuentra el Imperio Kislev, en el sur yace el desértico reino de Aveh. La guerra ha durado tanto que la gente ha olvidado la causa, conociendo
sólo el círculo de hostilidad y tragedia sin sentido.
La obsesión de la guerra crónica estaba cerca de encontrar un devastador cambio. Esto debido a los ‘Ethos’, una institución que preserva la cultura de nuestro mundo, reparando herramientas y armas excavadas de las ruinas de una civilización antigua. Una vez ambas naciones excavaron esas ruinas, y dejaron a los ‘Ethos’ reparar los descubrimientos, en orden para incrementar su poder militar. Las varias armas excavadas de las ruinas cambiaron grandemente la forma de combate en la guerra. El resultado de las batallas entre los dos países ya no estaba determinado por combate cuerpo-a-cuerpo, sino por ‘Gears’ – gigantescas máquinas humanoides de pelea – que eran obtenidas de la profundidad dentro de las ruinas.
Eventualmente, después de continuos cambios en el estado de la Guerra, Kislev ganó la mano superior. El mayor factor detrás de estas tierras es la enorme diferencia en la cantidad de recursos enterrados bajo sus ruinas. Pero de pronto una misteriosa fuerza militar apareció en el continente de Ignas, llamada ‘Geburah’. Ésta fuerza decidió hacer contacto con Aveh. Con la asistencia de ésta fuerza militar Geburah, Aveh pudo recuperarse de haber sido superados en número y dejados sin esperanza, a regresar en un empate con Kislev. Entonces, tomando ventaja premeditada de su recién ganado momento, Aveh empezó a capturar un territorio tras otro de Kislev, sin mostrar indicación de alentar su campaña de invasión.
La remota aldea de Lahan, en las afueras de Aveh, cerca de la frontera con Kislev.
Aquí es donde todo comienza.
Lahan era un lugar fuera-del-camino. Se anidaba cómodamente en las cuestas de la Colina Blackmoon, que se levantaba a su vez saliendo del Bosque Blackmoon. A unos noventa mil sharls estaba el comienzo del desierto de Aveh, que corría con la frontera de Kislev.
La aldea estaba isolada, no había duda de eso. Pocos aldeanos con suerte habían visto si quiera un Gear en realidad, o incluso un Land Crab. El único medio de transporte en Lahan no impulsado por el pony de Shank, era el pequeño automóvil de combustión en la cochera del Jefe Lee, e incluso eso sólo era usado en ocasiones especiales.
Fei restregó su brocha una última vez en la paleta de glosa metálica llena de tonos y mezclas de colores, y cubrió unos cuantos espacios restantes en la pintura, dando un suspiro de satisfacción.
Generalmente después de encargarse de sus labores, Fei utilizaría su tiempo libre pintando cuadros o practicando artes marciales, dones que se le facilitaban naturalmente.
Ahora recién había pintado el auto del Jefe Lee de negro, para la boda de Timothy y Alice. Hace tres años había despertado en Lahan sin rastros de memoria alguna, sin saber quien era, o que había hecho hasta aquel día. A pesar de todo, Timothy y Alice simpatizaron con él y lo apoyaron. Muchas veces pensaba en expresar su gratitud, ya que era todo lo que Fei tenía en el mundo, pero nunca fue demasiado expresivo con ello. La boda de sus amigos lo hacía sentir muy feliz.
Dejó el cuadro en medio de la habitación y se dirigió a la cochera para revisar el automóvil por cuarta ocasión en el día, después de un descanso se dedicó a darle otra mano.
“¿Fei?”
Se volteó para ver a la alta, angular figura del Jefe Lee siluetada en la puerta de la cochera. Fei sonrió al arrugado rostro, que había llegado a conocer bien en los tres años que había vivido en Lahan. “¿Jefe Lee?”
“Dan quiere hablar contigo, Fei.”
Fei dudó, mirando críticamente al auto. Era para la boda de su mejor amigo después de todo.
“Está bien. Deberías echarte a descansar un rato como sea, has estado pintarrajeando esa cosa todo el día una y otra vez.” Fei cabeceó, aceptando que otros podrían ser un poco menos críticos en su trabajo que él. Se limpió las manos en un trapo y se quitó los guardapolvos, que habían protegido a su ropa de la pintura por casi la mitad del día. Debajo del mandil utilizaba pantalones de combate verdes confortablemente holgados, y una camisa blanca de manga corta con cuello azul. Era el tipo de combinación dispareja que la gente esperaría en Lahan. Fei se miró a sí mismo y se preguntó, con un poco de vanidad, como se vería en el traje y corbata que el sastre de la aldea estaba terminando para él. El mejor hombre debería de verse listo y elegante, y Fei no quería decepcionar a su amigo.
La luz del sol fluía en el brillo de la primavera, revistiendo el oscuro cabello de Fei y bronceando su piel. La escena ante él era típicamente tranquila. La calle de la aldea estaba alineada con pequeñas, sólidas casas, y gente mayor meciéndose en sus sillas. Había buen espacio entre cada casa, pero cuando ya no había mas, Fei podía ver el camino corriendo por el pequeño campo de sembradíos que rodeaba la aldea, siguiendo hasta el bosque como un polvoriento moño gris formando la vereda.
De pronto, sin aviso, Fei fue tomado por la espalda, con brazos apretándolo alrededor de los hombros en un inexperto pero entusiástico agarrón. Fei giró rápido, y, sin suficiente fuerza para lastimar, lanzó a su asaltante fuera de su espalda con facilidad. Sostuvo al doce-añero a la altura de sus brazos y lo examinó de cerca. El cabello de Dan era una masa peleada de rizos marrones, y sus ropas eran predeciblemente desaliñadas.
“¡Pensé que te tenía ésta vez!” Azotó un puño contra la pared en miseria fingida.
“Las manos debajo de los hombros, luego detrás del cuello. Nunca tumbarás a alguien si no doblas los codos.” Fei nunca supo en realidad de dónde había obtenido sus habilidades de pelea. En el concurso anual de lucha de la aldea, siempre emergía victorioso, incluso sobre hombres más grandes y fuertes. En el boxeo también, era ágil y rápido, compensando en rapidez y agilidad lo que le faltaba en fuerza. Le preocupaba un poco, ya que era parte del pasado que no podía recordar y no quería recordar. Pero en realidad no importaba, Fei se consolaba a sí mismo, mientras sólo usara sus habilidades para el deporte.
“Entonces deslizas un brazo por debajo del hombro,” dijo Dan mientras se doblaba fuera de la llave de Fei y caminó detrás de él.
“Bajo mi hombro,” dijo Fei, corrigiendo al vacilante apretón de su pupilo.
Después de que Dan ejecutara el ataque del que Fei había necesitado un poco mas de la fuerza normal para librarse, se sentaron recargados contra una pared. Hasta donde sabía, Fei nunca había tenido un hermano menor, y aunque Dan podía ser fastidioso en ocasiones, a Fei le agradaba.
“Deberías casarte con Alice, Fei. Harías un mucho mejor hermano mayor que Timothy. Él es un verdadero...” Dan rompió de repente y miró fijamente al camino de donde Timothy estaba haciendo su paso apresuradamente hacia ellos.
“¿Qué fue eso, Dan?” Timothy dijo mientras se acercaba a ellos. “¿Me querías para algo?”
“¡No!” Dan dijo rápidamente. Cualquier cosa que fuese, Timothy tenía buen oído.
“¡Fei!”
“¡Timothy!” Fei miró a su amigo en placer.
Timothy se recargó indolentemente en el lado de una casa y escudriñó a Fei minuciosamente.
“¿Por qué tienes pintura blanca en la mejilla?” Él preguntó, sabiendo perfectamente ‘que tenía algo que ver con su boda.’ Fei suspiró y reflejó que Timothy sería un buen detective.
“Ha estado pintando la cerca del Jefe.” Dan le ayudó.
Los azules ojos de Timothy permanecieron sospechosos, pero no llegó al punto.
“Entonces Fei, ¿Tienes el anillo? Espero que no lo olvides mañana.”
Fei levantó las cejas en expresión de horror fingido.
“¡Oh no!, ¡Se me olvidó completamente!” Los ojos de Timothy destellaron malvadamente.
“Si... bueno, será mejor que lo recuerdes mañana, o Alice te matará. Realmente se vuelve loca con pequeños detalles como anillos. Casi me saca los ojos cuando sugerí que omitiéramos el arroz.”
Fei suspiró melodramáticamente.
“Los males del matrimonio. Voy a permanecer soltero toda mi vida. Cuando Alice se harte de ti y te eche, no digas que no te lo advertí.” Timothy dejó salir una profunda risa desde la garganta.
“¿Quieres poner tu dinero a que Alice me va a echar de la casa?”
“¡No!” dijo Fei firmemente. “Odiaría tener que dejarte en banca rota.”
Timothy rió de nuevo, sus ojos brillando en la forma que sólo podría lograrse por un hombre completamente en paz con la vida.
“Espero que vengas a la despedida hoy. No quiero tener que tomar toda esa cerveza yo solo.”
Fei vaciló, no era realmente muy cariñoso con la cerveza, pero era tradición, así que sonrió y aceptó con un entusiástico cabeceo.
“¿Por qué no puedo venir?” Dan se quejó desde su asiento en la pared.
“Porque no quiero a mi futura suegra enojada conmigo si regresas a casa apestando a borracho.
“No pareces preocuparte por tu futura esposa enojándose contigo cuando regreses a casa apestando a borracho.” Replicó Dan.
“Mi futura esposa es muy atractiva cuando está enojada,” Timothy se zafó fácilmente.
Era usualmente en éste punto en una conversación en que Dan se escabulliría lejos con una expresión dolida en su cara. Pero se quedó, sus ojos destellando sadísticamente.
“¿Tim? Tal vez quieras saber que Fei ha estado pintando el auto del Jefe para ti mañana”
Timothy y Fei ambos hicieron un intento de taclear a Dan, pero el niño ya estaba del otro lado de la pared y lejos donde no le podrían poner las manos encima.
“¡Maldición! ¡Chico estúpido!” Fei estaba irritado, su propia sorpresa especial para Timothy arruinada.
“No importa. A decir verdad, había adivinado como sea. Y pensar que mañana voy a ser pariente de ese niño” Timothy sonrió placenteramente. “Pero gracias de todas formas, Fei.”
Fei cabeceó tristemente, y elapsó hacia el silencio.
Timothy revisó su reloj. “Lo siento, debo correr, recogeré mi traje en cinco minutos.
Sólo vine a decirte que Alice quiere verte.”
“Timothy, sabes que no se supone que debes ver a la novia antes de mañana” acusó Fei.
“No la vi,” dijo Timothy con calma. “¡Ella llamó por la ventana!”
“¿Y tu estabas viendo por la ventana?” Fei levantó una ceja.
“Bueno – sólo un poco.” Timothy sonrió plácidamente.
“¡Muy bien!” suspiró Fei, “Te creo. Nos vemos mañana.”
Cuando había alcanzado la firme casa en la orilla de la aldea, Fei encontró a Alice parada sobre una silla, envuelta en satín blanco. Su tía se paraba a un lado de ella con la boca llena de alfileres. Piezas de blanco, fino entrelazado inundaban el piso alfombrado, y la mesa para café estaba cubierta con tijeras, agujas, bobinas, y otras parafernalias de coser.
“¿No es un poco tarde para empezar el vestido?” Fei preguntó en horror, teniendo visiones de Alice caminando por el pasillo con seguros sosteniendo su vestido.
“Éste era el vestido de bodas de mamá, Fei.” Alice sonrió hacia abajo desde su pedestal, su hermoso rostro enmarcado en una nube de cabello oscuro. “Mi tía sólo lo está arreglando para que me quede.”
“¿Querías verme?” Preguntó Fei, imaginando a Timothy husmeando a través de la ventana mientras su novia era medida para su vestido.
“Sí, Fei. ¿Sabes que Dan iba a tomar las fotos? Bueno, nuestra cámara tiene un filtro roto o algo. Me preguntaba si podrías ir arriba y preguntarle al doctor Uzuki si puedes tomar la suya. Le preguntaría a Dan, pero está demasiado ocupado poniendo las mesas para la recepción al terminar la boda.” Fei pensó en Dan causando problemas en la calle, pero no dijo nada. No tenía nada que hacer y era una caminata placentera hacia la casa del doctor subiendo la colina.
“Claro que iré. Además no me hace sentir exactamente confortable dejar a Dan manejar tan delicados instrumentos. ¿Quieres que te deje la cámara mañana temprano?”
“Eso estaría bien,” dijo Alice, estremeciéndose mientras su tía apretaba un hilo alrededor de su cintura. “Gracias, Fei.” Alice pensó por un momento como habría sido todo si las cosas fueran diferentes, si
sólo Fei hubiera nacido en Lahan y se hubieran conocido desde antes... tal vez
sólo era el destino, pero sería un engaño para sí misma, a veces se sentía algo tonta, y conociendo a Fei no lo entendería.
* * * * *
Era una caminata de alrededor de cuarenta y cinco minutos desde el centro de Lahan hasta la colina en donde la casa del doc se levantaba orgullosa y solitaria en la cima de la colina. Pero era un andar placentero, a través de bien labrados campos y pasando setos cubiertos con flores. Los aldeanos siempre podían estar seguros de una cálida bienvenida. Si alguien necesitaba al doctor para una emergencia real, lo contactarían desde la casa del Jefe Lee con un transmisor de radio, pero esto era raramente usado. Fei mismo a menudo trotaba su camino hasta la cima en las mañanas.
Aunque el Jefe Lee había actuado como el guardián de Fei mientras estaba en Lahan, el Doctor Citán Uzuki había sido su tutor. Algunas mañanas jugarían ajedrez o cartas en la espaciosa sala del doctor, otras, Citán educaría a Fei en políticas, historia, tácticas militares, medicina, psicología, o cualquier tema que tocara su interés.
La joven luz de la primavera se desvanecía para cuando Fei había alcanzado la isolada casa de ladrillos rojos en la corona de la colina. Rodeada por su propio pequeño jardín botánico se veía casi irreal; una casa de un libro de arte de alguna pintura idílica. Pero Fei sabía que las rosas trepantes y las dulces madreselvas, que se extendían por el pórtico de Citán, fueron puestas ahí
sólo con una gran cantidad de trabajo duro por la esposa de Citán, Yui. Fei nunca pudo decidir si Yui debía ser una jardinera, o una chef, porque era igualmente hábil en ambos.
Fei subió los dos bien-pulidos escalones hacia la puerta de caoba sólida y golpeó en ella dos veces. Casi instantáneamente, fue abierta de lleno por la sonriente figura de Yui con su hija Midori ondeando la mano con incertidumbre detrás de ella. Yui era hermosa precisamente en la forma opuesta a Alice, Fei decidió. Donde Alice era alta y delgada, Yui era de estatura mediana y de complexión sólida. Donde los ojos de Alice eran de un rico azul, los de Yui eran de un profundo bosque marrón. También poseía la piel de bronce y características angulares que la marcaban como Kisleviana, pero esto hacía poca diferencia, ya que la sangre mezclada era común en Aveh.
“Fei,” ella radió. “Entra. Midori, ve a hacerle a Fei algo de té. ¿Cómo van las preparaciones de la boda?” La doce-añera de cabello oscuro, hermosamente vestida hija de Yui le dio al atlético joven de dieciocho una mirada de admiración y apenas se escabullía para la cocina cuando Fei la detuvo con una mano levantada.
“Está bien Midori, tengo que verme con Timothy a las nueve. A decir verdad,
sólo venía a preguntar si Alice podía tomar prestada su cámara para mañana. La de ella tiene un filtro roto y...”
“Desde luego Fei, está en la cochera. Pídele a Citán que te la busque, está ahí arreglando.”
“¿Cochera?” Preguntó Fei, mistificado. ¿Por qué los Uzuki, quienes ni si quiera tenían coche, tendrían una cochera?
“Oh, lo siento.” Yui se disculpó, viendo los ojos dudosos de Fei. “Su taller. Ha estado insistiendo en llamarlo taller desde que encontró esa condenada máquina. Por qué quiere hacerla funcionar, nunca lo sabré.”
“Gracias,” dijo Fei, cabeceando hacia Midori y Yui mientras salía por la puerta y pasaba tranquilamente alrededor de la casa hasta a gran estructura de ladrillo que Citán había una vez llamado su taller.
Fei sonrió para sí mismo, la vanidad de llamara un taller ‘cochera’ sólo porque solía tener un vehículo adentro era justo como Citán: Un poco pomposo pero completamente lógico. Fei puso una mano en el botón del zumbador eléctrico que servía al siempre-cerrado taller como timbre, y le dio un buen empujón. Justo como su esposa, el doctor abrió la puerta de repente. Se paraba ahí, siluetado contra la luz eléctrica, un alto, apuesto hombre en sus últimos veintes con la complexión y aire de un esgrimista. Estaba vestido en uno de sus atuendos favoritos, pantalones blancos de un dril claro, una excéntricamente formal chaqueta verde de un distintivo corte formal, que se veía militarista, aunque no era parte de los uniformes de Kislev o de Aveh. Añadiendo a la impresión de un oficial militar en su día libre estaba una puramente ornamental faja rojiza como a la altura de su cintura. Como su esposa, su cara era casi Kisleviana, pero en su caso, la piel a través de los huesos angulares y alrededor de los almendrados ojos negros era tirada hacia un canal de líneas que deletreaban el claro mensaje de un sufrimiento lejano a quien quiera que las leyera. Éste era un hombre que había visto asesinato. Pero cuando Fei entró, las líneas se plegaron hacia una sonrisa.
“Aaah, Fei.” La voz de Citán era profunda, cálida y precisa, como la voz de un doctor debía ser. “¿Qué te parece esto?” Fei miró por el brazo vestido de verde apuntando hasta la gran araña metálica, que descansaba en una pared como un gigante de metal destripado. En el centro de su cuerpo estaban dos asientos de piel negra y un panel de control. Sus seis piernas cada una tenía dos articulaciones, y las orillas estaban engarradas. En la parte posterior arriba de los asientos había una pequeña joroba con un agujero arriba, que Fei supo instintivamente que contenía una ametralladora. En el lado de la máquina estaban pintados los tres listones transversales de la bandera de Aveh, dos de ellos blancos por los lados, y uno azul profundo en el centro.
“Es un mini Land Crab, ¿No es así?”
“Clase exploradora,” replicó Citán orgullosamente, recorriendo un negro ojo sobre la máquina militar con satisfacción.
“¿Qué está haciendo aquí? No será...” Fei se detuvo, pensando en las obscuras advertencias de los ‘arreglos’ de Citán y como un día le traerían problemas. “No es robado, ¿Verdad?”
“Claro que no. Lo encontré en los bosques hace unos cuantos días. Había sido abandonado porque el motor se sobrecalentó y derritió gran parte del cableado interno. Tomé la carretilla de mano y lo arrastré hasta aquí.
Sólo necesitaba un poco de trabajo. Pensé que Timothy y la deleitable Alice podrían casarse en él, en vez de ese acabado auto del Jefe.”
Fei trató de visualizar a Timothy en su mejor traje y Alice en satín blanco, retumbando por la calle principal de Lahan en la monstruosa máquina de batalla.
“No creo que realmente sirva para una boda, doc,” dijo Fei cuidadosamente, sabiendo qué tan delicado podría ser su maestro si uno de sus proyectos era criticado.
“Tal vez no,” suspiró Citán, aceptando lo inevitable. “Pero será bueno tener un transporte mecanizado por aquí, y le ahorrará a Midori esa larga caminata hasta la escuela.”
Fei decidió cambiar el tema del Land Crab antes de explotar riendo.
“¿Doc? La cámara de Alice se rompió, vine a preguntar si podría tomar la de ustedes para mañana.”
“Bien, iré a traerla.” Citán regresó casi al instante. Bajo un brazo cargaba una gran caja de metal con un lente al frente, y bajo otro una caja una rechoncha caja de madera con una manivela sobresaliendo de ella.
“Me preguntaba si querrías ver esto, Fei,” Citán dijo, casi gravemente. La encontré mientras traía la cámara.” Fei la tocó amablemente con su mano, girándola, acariciándola pensativamente con sus dedos. “¿Qué es?”
“Es una caja musical... sólo giras la llave.”
Obedientemente, Fei levantó la caja y empezó a girar la curiosamente esculpida manivela de metal. Sintió los resortes tensos, y puso la caja en la desordenada mesa del taller. Se veía curiosamente fuera de lugar entre las llaves inglesas, soldadores, y partes de motor que contaminaban la superficie de la mesa. Los lados de la caja cayeron revelando una hermosa estatuilla de un ángel, desde adentro vino una encantadora, suave melodía, floja pero triste en una forma peculiar.
Fei sintió algo revolverse en el fondo de su memoria, como si algo detrás de la gran pared obscura de amnesia estuviera vacilando, tratando de salir. Pero las rocas de la pared de la noche eran demasiado gruesas, y
sólo un distante caminar podía ser escuchado detrás de la mente consciente de Fei, como una picazón en el borde de su ego.
“La música es una cosa tan misteriosa... a veces, hace a la gente recordar cosas que no esperaban. Muchos pensamientos, sentimientos, memorias... cosas casi olvidadas... sin importar si el oyente desea recordarlas o no...” Citán compartió.
“Creo que he escuchado eso en alguna parte antes.” Fei encontró su voz con un ronco graznido de tensión.
“Fue excavada en unas viejas ruinas, y aún esta en reparación. Obviamente es un dispositivo de audio de algún tipo. Hace mucho las personas escucharían a ésta melodía, justo como lo hacemos ahora... a veces podrían haber sido animados... mientras que otras veces las hubiera hecho llorar.”
Los dos escucharon la eterna melodía un poco más.
“Bien, la cena debe estar lista pronto, ¿Te gustaría unirte a nosotros?” Dijo el buen doctor.
“¡Qué si quiero!, Esperaba que lo preguntara.” Fei dijo emocionado pensando en la cocina de Yui.
“Aún tengo unas cosas que arreglar aquí. ¿Te importaría hacerle algo de compañía a Midori en la casa?” Pidió Citán sabiendo que Fei era bueno con Midori.
“Bien. Tome su tiempo, doc. ¡No esperaré cuando la cena esté lista!”
“Adelante, pero no me haré responsable cuando te enfermes del estómago por la cocina de mi esposa.” Dijo Citán riendo de las veces que ha sucedido.
Fei camina hasta la puerta y se detiene. “Doc... me siento extraño cuando escucho a ésta música... siento algo por dentro.”
“Eso puede ser porque tienes a alguien viviendo adentro de ti... y el también debe haber gustado de ésta música hace mucho tiempo antes de que se hiciera parte de ti.”
Fei salió al jardín pensativo.
“¿La boda de Timothy y Alice realmente es mañana?... Tal vez sea mejor vivir una vida ordinaria, en ésta condición... como hijo de hombre... bueno, como sea, supongo que al menos debería ajustar el giro...” De pronto, sin aviso alguno, la caja explotó en pedazos. Citán se cubrió de los pedazos del engrane, y piezas de metal sazonaban el piso alrededor de los engranes como disparos de un arma, pero no había señal de la caja; se había desintegrado completamente.
“No puede ser... ¿Podría ser un presagio?” Exhaló Citán mientras luchaba su camino por el piso para abrir una ventana y dejar el polvo salir.
* * * * *
“Mmm... ¡Eso fue bueno! Tu cocina jamás deja de impresionarme, Yui. Gracias por invitarme.” Dijo Fei sobándose la barriga al terminar la cena.
“Eres bienvenido. Si te gusta tanto mi cocina, me dará gusto cocinar para ti cuando sea, Fei.” Yui no sólo era el ama de casa ideal, a pesar de lo que pudiera aparentar, podía ser dura en los momentos que se requerían. Afortunadamente, todo estaba en calma ahora.
“Te llevaré el equipo que necesitas a la aldea mañana temprano yo mismo... no me hace sentir exactamente confortable dejarte manejar tan delicados instrumentos, me temo.” Dijo Citán con una sonrisa de tranquilidad.
“¿En dónde habré escuchado esa línea antes? Bueno, nos vemos mañana doc.” Dijo Fei riendo de sí mismo. “Buenas noches, Yui, Midori.”
“Buenas noches. Esperamos con ansias la boda de mañana.” Dijo Yui con su tranquilizante voz. Midori volteó para ver a Fei con unos ojos que reflejaban la calma de su madre y la serenidad y un poco de pomposidad de su padre, como si hablara al interior de Fei.
Citán acompañó a Fei al jardín. “Ten cuidado Fei, quiero decir... el camino es peligroso cuando está tan oscuro” el doctor dijo pensando en el presagio un poco supersticiosa pero razonablemente.
“¿Qué pasa doc? No hay nada de que preocuparse, nos vemos mañana.” Respondió Fei un poco extrañado por las veces que ya ha caminado por la noche sin aviso del doctor.
De la dirección en la que estaba Lahan vino un sonido que Fei asoció con un terremoto. De pronto, de la dirección del bosque Blackmoon Fei observa cuatro objetos volando.
“¿Gigantes?” Fei miró a la profundidad de la noche que de repente se había vuelto roja.
“A juzgar por sus sombras, parecen ser un grupo de Gears de nuestro país vecino, Kislev.” Dijo Citán analíticamente, esperando a ver sus movimientos.
“Esos eran... ¿Gears?” el sorprendido Fei admiraba esos milagros de la tecnología por primera vez.
“¡No!... Fei, se dirigen directamente a Lahan.” Fei volteó para ver a su maestro, las flamas de pánico morían dentro de él, aunque las flamas de Lahan aún ardían. En cuanto a la cara de Citán, no había rastro del ligeramente loco doctor que vivía en una colina. Ahora era un curandero con un trabajo que hacer. Cuando habló, su voz era calmada, fuerte y confidente.
“No tiene caso en apresurarnos sin prepararse. Espera aquí. Esto es demasiado peligroso para Yui y Midori, así que necesitaré que cargues algunos suministros médicos.” Fei se mantuvo de pie precisamente en el mismo lugar por diez minutos completos, observando su hogar quemarse. Citán regresó al fin, cargando dos voluminosas mochilas de acampar, una en su espalda, y una maletilla de cuero rojo, que Fei sabía contenía drogas. “Toma esto.” Fei se colgó la mochila, que era pesada contra su espina, y tomó la maletilla roja. “Debemos apresurarnos.”
Fei normalmente caminaría de Lahan a la casa de Citán en cuarenta y cinco minutos. Si se daba prisa, podría hacerlo en media hora. Pero en ésta obscura noche, con las llamas de Lahan ardiendo ante ellos, los dos hombres lo consiguieron en menos de veinte, tensando cada músculo para llevarlos ahí rápido. Al llegar a Lahan, algunos aldeanos ya evacuaban por el camino de la colina, pero otros menos afortunados corrían confundidos, ya sea buscando refugio atemorizados, ayudando a los heridos o esperando el momento para correr. Entre la gente lograron ver a los futuros novios.
“¿Alice, Timothy?” Preguntó el doctor con voz cuestionante, examinándolos de pies a cabeza en caso que necesitaran atención médica.
“¡Doctor Uzuki, Fei!” Expiró Alice con voz nerviosa pero aliviada de verlos.
“¡Doctor!, Sólo salieron de la nada, y aterrizaron justo en nuestra aldea.” Timtothy se desahogó, esperando las siempre acertadas palabras de Citán.
“Lo sé. No me explico qué hacen empezando una batalla aquí... ¿Están todos bien?” Citán dijo mientras bajaba su equipaje al suelo y se preparaba.
“¡Sí! Pero es Dan, no podemos encontrarlo.” La preocupada hermana gritó. Y justo cuando Timothy empezó a balbucear algo, Citán le robó la palabra.
“Tu, Alice y los otros aldeanos deben evacuar a un lugar seguro, ocúltense en las colinas. Entiendo como te sientes, pero déjenos el resto a Fei y a mí, la primera cosa por la que deben preocuparse es por su propia seguridad... Timothy, tu responsabilidad es proteger a Alice.”
“Es justo como el doc dice. Los dos deben salir de la aldea ahora. No se preocupen por Dan. Conociéndolo tal vez ya haya evacuado y los esté esperando.” Dijo Fei, viendo la expresión derrotada en el rostro de Timothy que con un cabeceo aceptó.
“Gracias Doctor; pero por favor, Fei, ¡Cuida de Dan!” Alice tuvo que poner su confianza en Fei una vez más, como lo había hecho en los últimos años con cosas cotidianas. Aunque al irse del brazo de Timothy, deseó alguna vez hacer algo más en cuanto a su confianza.
“Iré a revisar dentro de las cosas por si alguien mas se ha quedado, ¡Fei, por favor tu ve a las calles y lleva a la gente a un lugar seguro!” Los dos hombres se adentraron en la aldea.
Fei nunca olvidó lo que vio esa noche. Muchas de las casas estaban completamente encendidas, y unas pocas ya habían sido quemadas hasta el piso. Los aldeanos esparcidos aquí y allá como gallinas asustadas; algunos con horrorosas quemaduras, que estaban siendo inexpertamente atendidas por sus vecinos. Pero los ojos de Fei vieron a través de las flamas y el humo, a donde estaba la batalla.
Desde que fueron excavados por los Ethos, los Gears se habían vuelto las armas principales en las armadas de ambos países. Eran enormes figuras humanoides en acero y cristal, gigantes bajo control humano. Cuando peleaban, los árboles eran desarraigados y el suelo se levantaba en montañas de tierra. Pero en éste momento, Fei estaba lejos de impresionado. Los titanes daban zancadas por la plaza, dejando ráfagas de proyectiles y disparos de armas de ether que parecían raramente tocar el lado opuesto, sino que más seguido caían sobre las casas de los inocentes.
Estaban pintados en una variedad de colores, y construidos en diferentes formas. Había Gears blancos, construidos como inmensos seres felinos, con destreza y agilidad en sus movimientos. Había inmensos Gears rojos, un poco más altos que los otros, que rugían hacia el enemigo en inmensas patadas y golpes que podrían tumbar a un elefante. Pero todos, usualmente en la espalda, tenían en relieve las tres rayas de Aveh, o el hacha y sable abstractos de Kislev.
La furia inundaba la mente de Fei como el fuego mismo, ¿¡Cómo se atrevían esos grandes y torpes invasores a destruir su hogar con su innecesaria batalla!? Los odiaba con un ardiente, crepitante odio, que lo restregaba en seco de todas emociones. Quería destruirlos. Sin importar que podría ser aplastado, o alcanzado por una bala perdida, caminó al lado de la plaza y agitó su puño impudentemente a los crecientes titanes.
Si sólo tuviera un arma, podría matarlos a todos. Fei se volvió salvaje en su rabia, girando sus ojos alrededor como si esperara ver un gran tanque listo y esperando por él.
Había un arma, aparcado en el campo, que guiaba hacia fuera de la plaza. Un Gear, tan alto como los otros. Se arrodillaba en el campo en la posición de aterrizaje, su cabeza hacia abajo, y la escalera, que guiaba a la cabina de cristal, invitante.
A primera impresión, del pecho abierto del Gear donde estaría el piloto, Fei pensó ver a un niño, largo cabello café cubriendo su rostro, y una gran sonrisa marcada sobre él. De pronto a la mente de Fei vino la imagen de un pendiente balanceándose de un lado a otro, una y otra vez, en una pequeña cadena de plata que sonaba por toda su cabeza. Era una cruz con sus cuatro salientes de igual tamaño. No la alcanzó a distinguir con seguridad, pero no le dio importancia en ese momento.
Era un Gear de complexión delgada, tal vez no tan rápido como los Gears blancos, pero lo suficientemente ágil, y más duradero. La pintura en sus lados parecía negra en la luz del fuego, pero le parecía a Fei que estaba marcado con destellos morados.
Con un salvaje alarido, corrió al Gear, dispersando a los asustados aldeanos fuera de su camino como ovejas. Sintió un rápido frotado de los escalones acorazados de hierro contra sus manos. Al siguiente instante estaba en la cabina y el techo se había cerrado.
Citán salía de una casa luego de evacuar a más aldeanos, al ver a Fei en su ira, todo esfuerzo de detenerlo había llegado demasiado tarde, Fei estaba ya en el gigante, y la voz de Citán era opacada por los sistemas de ventilación que mantenían al Gear de sobrecalentarse.
Pilotear un Gear nunca es fácil. Ya que el cuerpo de un Gear puede moverse en tantas formas como el cuerpo humano, era mejor encontrado para los pilotos meter sus pies y manos en los controles reactivos, para que cada movimiento del piloto fuera amplificado por el Gear. Era una disciplina difícil, porque desde luego el Gear era más grande y fuerte de lo que era el piloto, y tomaba años para masterizarse completamente. Pero una vez aprendido, el piloto podía hacer cualquier número de rutinas complejas en un Gear, incluyendo desde luego, lo más extremo de las artes marciales.
Fei nunca había visto un Gear cuando en Lahan. Pero sus manos se deslizaron hacia los asideros, y sus pies encontraron los pedales con facilidad. Por una familiaridad de instinto, encontró el switch de poder principal y lo presionó, sabiendo casi por experiencia cómo esperar hasta que el Gear estuviera en poder completo antes de moverse. Sintió el cuerpo responder a su toque con las relampagueantes reacciones de un atleta entrenado. El Gear se levantó lentamente, las represiones caían de sus manos y pies con facilidad. Se levantaba a unos 16 sharls sobre la tierra. ¡Ahora era igual! Fei empezó a moverse hacia delante, sintiendo el monstruoso cuerpo moverse bajo él. Empezó a correr, mientras un andar de metal cubría la tierra a terrorífica velocidad, haciendo temblar el suelo.
Se sentía tan extraño y familiar. Él se lanzaba al aire glorificado en el poder y aceleración mientras impulsos entraban. Se lanzó como cohete levantando una pierna en una patada, que envió al Gear blanco a revolcarse en la tierra sacando un flujo de flamas como sangre roja arterial.
“Fei, la forma en que estás peleando... esto no es bueno, si despierta aquí...” observaba Citán desde el marco de la puerta con un escalofrío que reprimía.
“¡Doc!” Dan finalmente había aparecido del interior de su casa.
“¿¡Dan!?, ¿Estás bien?, ¿Qué estabas haciendo aquí?... No sabes lo preocupados que Timothy y Alice estaban”
“¡Lo siento mucho Doctor Uzuki! Había salido de la aldea antes, pero regresé... no podía soportar dejar el vestido de bodas de mi hermana aquí...” Dijo la parte más humana de Dan.
“¿Regresaste por el vestido de tu hermana?... Heh... ¡Qué niño tan sentimental! Hay que evacuar a un lugar más seguro mientras Fei atrae su atención, parece que quieren ese Gear que Fei usa...”
“¿Fei... está dentro de... ese monstruo?” Dan no podía creer que su amigo fuera esa bestia de la destrucción que trataba a los otros Gears como marionetas.
“Fei está confinado... por el obscuro, cruel destino de Dios...” dijo Citán viendo la batalla.
Aterrizó ligeramente y avistó un gran Gear rojo como su próximo blanco. Sintió sus manos venirse adelante en golpes de inmenso poder, el primero sonando dentro del pecho del Gear rojo y destruyendo su circuito de poder principal, el segundo rompiendo el vidrio de la cabina, mandando el piloto por los aires. Un proyectil sonó por detrás de su cabeza, y giró para conocer el nuevo atacante, sintiendo la emoción de la batalla tocándolo como una cuerda de guitarra humana. Cuando el Gear atacante estaba en su rango, dejó salir su arma de ether. La esfera incandescente de energía golpeó a su enemigo en el estómago y tiró al gigante aparato hacia atrás para aplastar otra casa. Pero entonces dos Gears más se lanzaron contra Fei, con cañones ardiendo. Él se echó para atrás hacia la arruinada calle principal.
Y ahí, ante él, en el suelo, estaba la familiar figura de Timothy en cuclillas, con los brazos ondeando en el aire, gritándole a Citán al otro extremo de la calle.
“¡Sabía que aún seguías en la aldea! ¡Chico, me alegra que estés bien!...” a pesar de lo que Dan fuera, no era tan malo como esos Gears.
Pero al mismo tiempo que Fei vio la pequeña figura de su amigo, vio algo más, un soldado en su Gear había descubierto a Timothy.
“¡Timothy, cúbrete!” Gritó el doctor a todo pulmón, con un tono desconocido para los aldeanos de Lahan, ya no era la serena voz de un doctor.
Frenéticamente, Fei lanzó su Gear hacia delante, tratando de proteger a su amigo, pero era demasiado tarde. Ordenado por un Gear superior de cuatro alas en su espalda, el soldado había disparado una ronda completa de municiones contra él. No conforme, un proyectil se había estrellado, aplastando el cuerpo de Timothy en una mezcla sangrienta.
Fei podía casi sentir a Timothy morir mientras veía a la mosca aplastada que había sido una vez su amigo. La furia surgió en Fei de nuevo, y lanzó su máquina al ataque con vigor fresco. Aveh, Kislev, todos esos Gears eran sus enemigos y todos merecían la muerte.
La mente humana es un iceberg, la pequeña área, que llamamos el consciente, sobresale entre las otras ondeantes olas, pero la mayoría de ella está debajo de la superficie, vasto e inexplorado. Estaba en las mas frías y obscuras regiones de la mente de Fei en que el tremor empezaba. Pero rápidamente se forzó hacia arriba firmemente iluminando niveles de pensamiento, hasta que estalló en su consciente como una bomba. Fei cayó hacia atrás en su arreo, sus manos resbalándose de los asideros, su Gear parado sin moverse mientras la tormenta desgarraba por su mente, desde los más profundos pozos de obscuridad hasta el apogeo de su superego
Vio un rostro, su rostro, más joven, y desde sus ojos lágrimas manaban como agua brotando de flujos volcánicos. Eran las lágrimas que el cuerpo tiene bajo la piel, con la sangre en su rostro vio de nuevo el pendiente, una enorme cruz de plata adornada con un rubí rojo en el centro, que parpadeaba hacia él con una brillantez desconocida, balanceándose y columpiándose en su mente. Pero entonces la tormenta trajo demasiado y empezó a ahogarse, su consciente se hundía en las aguas obscuras del subconsciente. La cruz pasa de nuevo y el niño es reemplazado por el niño con cabello entre sus ojos que había visto antes a bordo del Gear. Empieza a reír, y la cruz se balancea una última vez, su luz cegando a Fei, antes de caer del collar que la sostenía.
Fei recupera la conciencia, de tanto agitar su cabeza con sus manos, su largo cabello se ha soltado. Sonríe con seguridad. De pronto el cuerpo del Gear comienza a resplandecer, haciendo un mínimo movimiento, torrentes de energía de ether salen de su cuerpo, destruyendo fácilmente a los Gears a su paso. La gente grita en horror mientras sus cuerpos arden a cenizas en segundos. Alice mira desde lejos con horror, pero sonríe antes de unirse a la nube polvorienta que una vez fueron los aldeanos con los que convivía Fei. “¡Alice!”, el impotente Dan trata de detenerlo, sus piernas no pueden avanzar porque estaba siendo detenido por los brazos de Citán.
* * * * *
Se despertó en desconforte. La dura, áspera superficie de las raíces de árboles clavándose en su espalda como los dientes de algún animal hambriento. Abrió sus ojos con cuidado lentamente, pero no necesitaba preocuparse, la luz de las pocas llamas restantes eran opacas y discretas. Revisó por su memoria, recordando la ola de furia extinguida, las flamas le recordaban a su misma Persona, su pelea en el Gear, la muerte de Timothy. ¿Pero luego qué? Fei estaba familiarizado con paredes negras bloqueando sus intentos de recordar, y ésta era no más impregnable que la otra que había escondido sus primeros quince años de vida.
“¿Fei?, Finalmente has recobrado el sentido.” Miró hacia arriba y vio el rostro de Citán inclinándose sobre él. Las líneas de angustia eran claras y desveladas alrededor de los ojos angulares.
“Q-- ¿Qué sucedió?”
Citan no habló, pero apuntó mudamente con un brazo vestido de verde.
Fei revisó lo que quedaba de su hogar y se soltó en lágrimas de vacío. Cuando los Gears habían atacado Lahan, una o dos casas habían sido aplastadas, Otras estaban incendiándose, pero la mayoría de las construcciones de Lahan permanecían intactas. Pero ahora la aldea era una tierra de escombros de ladrillos rotos y vidas deshechas. Las casas se habían desmoronado, echadas abajo por una terrible fuerza. Sus ventanas resquebrajándose en pedazos tan fácilmente como los cuerpos de sus habitantes. Cadáveres contaminaban las calles, algunos, como Timothy, moscas aplastadas de sangre y tripas, y otros quemados o mutilados por escombro volátil. Rostros que conocía miraban profundamente a Fei, muchos de ellos sin cuerpos.
La tía de Alice acurrucada contra un montón de escombros, se mecía adelante y atrás con una pena, agarrando con su mano buena el resto andrajoso de satín blanco. Y al lado de ella su nieta, con su espina mostrándose a través de la enorme hendidura en su espalda, el vidrio que se había incrustado en su cráneo destellaba en la latente luz del fuego.
En el centro de la devastación, como algún dios de la destrucción, se colocaba el negro y morado Gear. Estaba golpeado y dañado, pero parecía casi intacto.
“¡Idiota!”, Una pequeña figura se lazó a sí misma sobre Fei, las manos en garras con una maniaca rabia de animal. Las manos de dan retumbaban contra su una vez instructor de pelea en una ciega, sin sentido furia. Citán arrastró al chico y lo sujetó apretadamente.
“¡Lo mataré!... Fue por tu culpa, y de ese monstruo, ¡Tú los mataste a todos!” Escupió Dan, peleando furiosamente. “¡Asesino!, ¿Por qué tenían que pelear en la aldea?, ¿Y si quiera cómo sabias manejar ese monstruo?” El remordimiento sujetó a Fei y lo sacudió como una rata. Un gran péndulo de culpa empezó a balancearse adelante y detrás mientras la verdad salía al alba.
“¡Dan!, No ganaremos nada poniendo toda la culpa en Fei. Lo que es mas, sabes que Fei no tenía control sobre el malfuncionamiento de Gear.” Citán dijo a los oídos sordos y sentimientos necios. Pero como era típico de él, Dan no se detuvo.
“¡Sabes bien que tú lo hiciste maldito bastardo! Te subiste a esa cosa y te volviste loco, nunca debiste de haber venido a Lahan, debiste haber muerto, ¡TE ODIO!” Citán dejo correr al dolido Dan para ocultar sus lágrimas, pero Fei seguía sin poder reaccionar.
“Será mejor que lo dejemos sólo por ahora... no sabe que hacer con su dolor, su odio...”
Fei y Citán caminaron lentamente hacia el Gear, sus pies crujiendo en cristales rotos. Algunos de los sobrevivientes escupían mientras pasaba, otros simplemente observaban en silencio. Mientras pasaba, la tía de Alice se levantó, su cara torcida en una máscara de dolor, sus ojos azules quemándose. No habló. Con un rápido, violento movimiento golpeó a Fei, una vez. Su mano cargaba toda una vida perdida tras ella. Fei se osciló sobre sus pies, sus ojos cegados con lágrimas de dolor.
“Mamá... ¿Dónde está mama?” Fei se arrodillaba en el piso. “Se los dije... ¡Les dije que dejar entrar a la aldea a un desconocido traería desastre!” Sus manos temblaban. “Oww... Me duele, ¡Me duele!” Agarró tierra y escombros entre sus manos poniéndose de pie, pasando por mas niños miserables y aldeanos que lo odiaban. “¡No dejen que se me acerque, me asusta!” Lentamente miró hacia arriba al Gear, recordando el gozo que sintió al pilotearlo. Parecía sentir todos los ojos de los aldeanos, vivos y muertos, penetrando dentro de él. Era una mariposa nocturna aplastada bajo el bulbo de luz más caliente del mundo, y lo merecía. De pronto, algo rompió el momento.
Con un inarticulado grito, lanzó su cuerpo con fuerza corriendo fuera de la aldea, cegado con sentimiento. Bajando el camino que corría, sus pies golpeaban en el concreto, tratando de rebasar sus sentimientos. Luego dio una vuelta en el camino y en una loca carrera arremetió contra el bosque, árboles sujetando su cabello y rasgando sus ropas.
Deseaba que las ramas le sacaran los ojos a arañazos para que nunca tuviera que ver tal visión de nuevo. Esperaba que las hojas amortiguaran sus orejas de los gritos de los heridos y los sonidos de los agonizantes. Pero la pena es desgastante, y después de lo que parecieron horas de correr, se cayó hacia un remiendo de arbustos densos, rizándose a sí mismo en una forma fetal, y en segundos, se había llorado a sí mismo hacia un profundo, dichoso sueño.
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