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Proyecto Elly Presenta
[ Basado en Emoción: La Saga de Zeboim
]
Capítulo
5: Mandíbulas de Hielo.
“¿Me veo gorda en éste vestido? Sabía que no debía
de haberlo comprado.”
“No eres gorda, Elly,” Kim respondió. “Tus caderas
tienen el tamaño perfecto.”
“Claro. Me siento como un bote en ésta cosa. Un
gran–bote–azul.”
“Quédate con el vestido blanco.”
“Pero acabo de comprar...”
Kim movió los hombros. “Deberías usar cualquier cosa
en la que te sientas bien.” Revisó el nudo en su corbata, e,
insatisfecho con el resultado lo ató de nuevo.
“Odio las cenas formales,” Elly se quejó. “Era
horrible con mis modales cuando era niña.”
“Sí que cambian los tiempos, ¿Eh?”
“¿Se supone que es un cumplido?”
“No responderé.”
Elly regresó al closet, habiendo decidido de deshacerse
del vestido azul después de todo. “Kim, nunca has tenido la
oportunidad de venir conmigo al trabajo, aún,” ella gritó.
Kim abrochó sus empuñaduras. “Lo sé. Éste nuevo
trabajo es más exigente de lo que pensé. Hoy es viernes. Envié
un reporte hoy, así que tal vez se calmará un poco. Es la
primera semana después de todo.”
Elly cabeceó. “Sólo quería que entendieras la vida
allá afuera... mostrarte exactamente por qué deberías hacer
esas nanomáquinas funcionar. Hay gente en el hospital que viviría
si les trajéramos nanomáquinas.
“Es un trabajo duro. Justo ahora, creo que podemos
irradiar más del cinco por ciento del tejido infectado. Podemos
también reducir el tamaño de los tumores sin tratamientos TEP
exploratorios de radiación.”
“Creo que será difícil llevar nanomáquinas a todos.
Los fondos del hospital fueron cortados hoy. Todos accedimos
pagar de nuestros sueldos para mantener la calidad del
equipo.”
“Puedo apoyarte sin importar que. Estoy haciendo el
dinero.”
“Ese no es el punto, como sea.” Elly caminó fuera
del closet, ajustando el vestido que usaba. El puerto superior
estaba hecho de lazo, mostrando su cuello y hombros a través de
la tela blanca. “No deberíamos si quiera estar haciendo ese
tipo de decisiones. Antes de la guerra, el cuidado de la salud
era la preocupación superior de la gente: era lo que más
deseaban.”
“Los cortes pueden ser temporales. Le escribiré al
Ministro una carta sobre ello en éste fin de semana.” Kim
revisó como reloj. “¿Estás lista? Es hora.” Se volteó
hacia su esposa, quien estaba a punto de decir algo, pero la
interrumpió sin darse cuenta. “Te ves absolutamente magnífica,”
él comentó, caminando hacia ella y corriendo sus manos bajo su
delgada cintura.
“Oh, guarda silencio. ¡Pensé que debíamos irnos!”
“Sí, es cierto.” Kim indicó, forzando sus ojos
fuera de Elly
Kim se encontró a sí mismo asignado a la misma mesa que
dos generales de la armada Valeriana. Uno de los generales trajo
a su esposa; el otro era soltero. Había también unos cuantos
científicos de grupo de laboratorio del trabajo, y sus esposas.
Antes de la cena, Kim hizo un gran revoloteo para establecerse a
sí mismo como un hombre de clase alta.
“Mi nombre es Kim Kasim, Doctor en Filosofía. Es un
placer conocerlo, General Malkuth,” él dijo agitando la mano
del hombre. Era uno de los mayores generales de la armada
Valeriana, y tenía largo, recto cabello azul que alcanzaba la
base de su mandíbula. Su joven rostro, delgadas manos, y
características de soltero hacían al veterano verse más de
veintiocho en vez de sus actuales treinta y ocho. El hombre,
aunque bastante apuesto, era soltero. “Ésta es mi esposa,
Elly Kasim.”
Elly dio su mano, y el general la tomó delicadamente,
poniendo un beso en sus dedos. La miró con ojos apresurados.
“Estoy... muy complacido de conocer una hermosa dama como
usted,” él dijo en una manera que hizo a Kim ligeramente
envidioso. Pero su nerviosismo fue aliviado cuando el general se
volteó a Kim y guiñó. “Es un hombre con suerte, Doctor
Kasim, por tener una esposa tan encantadora.”
Kim se sintió sonrojar mientras Elly sonreía de oreja a
oreja. “Gracias, General Malkuth,” Kim pronunció.
“Por favor, llámeme Karellen,” él dijo. “Me
desagrada éste disfraz formal.”
“Entonces por favor llámame Kim.”
“Ciertamente, Kim. ¿Cómo va la investigación de
nanomáquinas?” Aparentemente, eres muy importante para los
planes de guerra del gobierno.
Kim entresacó una risa. “Bueno, estoy trabajando en un
tratamiento anti-radiación. Justo ahora, solo las nanomáquinas
orientadas a las superficies pueden hacer algo; todas las otras
mutaciones deben ser revisadas con escaneos de Tomografía de
Emisión de Positrones, ‘TEP’. Como puedes saber, éste
es un largo e implicado proceso. Sin embargo, la ventaja de las
nanomáquinas es que pueden regenerar las heridas tales como
incisiones graves y ayudar a acelerar la curación de heridas de
bala.”
“Es sorprendente lo que las nanomáquinas son capaces
de hacer. Sin embargo, no creo no creo que debamos dejar salir
esto solo por la guerra.”
“Las nanomáquinas han estado alrededor por treinta años.
Me uní a la biotecnología y corrí con la suerte de
especializarme en nanomáquinas después de recibir mi grado de
estudiante. Sólo empezó a ser divulgada su existencia en los
pocos años pasados de guerra.”
“Supongo que la guerra es inevitable, como los seres
humanos.” Dijo Karellen. “Todo lo que podemos hacer es
esperar que encontremos nuestro momento de felicidad en éste
mundo infernal.”
Kim sonrió con una mueca. “Bien
dicho.
Yo, tengo mi esposa... quien no está aquí ahora. Oh,
está en aquella mesa. Esperamos que éste nuevo trabajo
realmente nos aligere las cosas. Un día, me gustaría tener
familia con ella.”
“Lo mismo aquí, pero con la basura que Valeria ha
estado encarando, va a ser difícil criar niños saludables.”
Le robó un largo vistazo a Elly. “El Primer Ministro ha
rehusado a cesar fuego con Trewth. Ideales, él dice. Yo pienso
que son patrañas... no podemos pelear por el motivo de ser
justos. Estamos perdiendo porque nuestra moral está demasiado
baja.”
El doctor frunció. “Pero están deportando a la gente
en Trewth a Loveh, y están siendo encerrados en campos de
concentración. Tenemos que cuidar de esas personas.”
“También tenemos que cuidar de nuestra propia gente,
Kim. Lo más que peleamos, lo más difícil que se vuelve. Más
y más bombas están cayendo del cielo, y se está volviendo difícil
proteger a todos. A Trewth y Loveh ya no les importa a quién
matan... mientras maten a alguien.”
“Pero no es como si nuestra dignidad humana no fuera lo
suficientemente mala ya. Tenemos una obligación de hacer lo que
está bien.”
“Tenemos una obligación de sobrevivir. Además, ¿Quién
está para definir lo bueno, y lo malo? ¿No es acaso la
moralidad diferente para cada persona?”
“Hay unas cuantas verdades universales... o eso
creemos” indicó Kim. “Por ejemplo, nuestras emociones nos
dicen que no lastimemos a otros, pero lo hacemos de todas
formas. Nos deleitamos en causar dolor, a veces. Buscamos
destruirnos uno al otro, otras veces, sólo para presumir de
nuestra propia grandeza.”
Karellen juntó sus manos aplaudiendo. “Kim, es
exactamente eso. Los humanos ya no pueden definir lo que es el
bien y el mal. No sabemos lo que los verdaderos ideales son.
Podemos sólo seguir nuestras emociones, y a veces, nuestras
emociones no están acostumbradas a pelear por lo que es bueno y
verdadero. Si no podemos confiar en nuestras emociones, hay al
menos una cosa en la que podemos confiar... y es nuestra
voluntad de sobrevivir.”
“¿Pero no está la lucha emprendida para que podamos
encontrar y definir la moralidad?” Kim preguntó, exasperado
de que su punto no se lograba. “Si no podemos mostrar compasión
por los ciudadanos de Loveh y Trewth, ¿Entonces cómo podemos
mostrar compasión por nosotros mismos?”
“¿Aquellos en el poder definen la moralidad? Bien, no
estaremos en el poder si llamamos a cesar el fuego. Entonces, ¿Acaso
tu, que quieres que la guerra siga, definirá la moralidad si
ganamos? ¿O dejará a otros definir la moralidad si
perdemos?” Karellen revisó su reloj, luego un bien-vestido
hombre en un tuxedo vino y lo golpeó ligeramente en el hombro.
Karellen cabeceó hacia él, y miró de vuelta a Kim extendiendo
una mano. “Un placer conocerte, Kim Kasim. Tengo que dejarte,
pero espero nos encontremos de nuevo.”
Kim inclinó la cabeza. “Sí, desde luego,” dijo
secamente, notando que el General nunca llegó a citar su última
declaración sobre la compasión. Sujetó la mano del General en
un formal apretón de manos. Mientras Karellen caminaba a lo
lejos, el próximo general, que parecía más viejo que el
anterior, pero aún probablemente debajo de los cuarenta, se
inclinó hacia Kim. Era un hombre grande, con hombros anchos y
brazos masivos. Tenía afeitado cabello pálido y la piel
bronceada obscura. “Doctor Kasim, he escuchado muchas cosas
buenas sobre usted.”
“¡En verdad espero que hayan sido cosas buenas!”
El General cabeceó en afirmación. “Que simplemente es
el mejor científico que Valeria jamás ha tenido. Mi nombre es
Ken Sigfried, General. He estado trabajando con a armada
Valeriana por los últimos doce años haciendo planteamientos de
asalto urbano. He sido un soldado toda mi vida.”
“Impresionante. Yo sólo he tenido mi Doctorado en
Filosofía por dos años ahora; mi tesis fue sobre nanomáquinas
y posibles aplicaciones. Comparado a sus credenciales, la mía
parece absolutamente exigua.”
“La Biotecnología es un campo muy respetable,
doctor,” respondió el General Sigfried. “Especialmente con
la guerra sucediendo, tenemos que salvar cuantas personas
podamos.”
Él cabeceó. “Es
correcto.
Estoy intentándolo lo mejor posible.”
“Y por eso, toda Valeria está grandemente
agradecida.”
Kim podía oler la comida de la cocina y su boca se aguó
ligeramente mientras que los olores de carne levantaron sus
ventanas de la nariz. Con la guerra química en el exterior, era
extremadamente raro encontrar carne de calidad, pero por la
apariencia de la compañía de la cena, la carne iba a ser
absolutamente real.
“¿Es carne real la que están haciendo?” Preguntó
Kim, dejando sus pensamientos alcanzar su mente. El General
Sigfried hombreó. “Honestamente no tengo idea.”
Elly caminó al lado de Kim, y luego olfateó el aire por
un momento, cortésmente ofreciendo su entrada. “Creo que es
real, pero hoy en día, hacen aroma químico de carne, también,
entonces es difícil saberlo a menos que la pruebes. Estoy
segura que saben que sabe drásticamente diferente.”
“La sintética no es lo que podría ser,” dijo el
general. “Uno pensaría que la cosa falsa se hace para que en
verdad pienses que estas comiendo comida real.”
Elly rió ligeramente. “En realidad fallaron ahí, ¿No?
Ahora todo lo que hace es recordarnos qué tan buena es la cosa
real y hacernos maldecir éste mundo incluso más.”
“No me gusta ninguna de las cosas como están
controladas por Valeria, en realidad,” comentó Ken, sin
mantener su voz baja, y al no hacerlo, expresando su derecho a
libertad de expresión. “Por ejemplo, incluso aunque hay
razones morales y éticas para continuar la guerra con Trewth,
francamente creo que las economías podrían manejarla. La moral
en mi regimiento es baja. Refinándola para enfrentar la guerra.
Afortunadamente, Trewth es tan cabeza dura como el viejo
Emperador Sardins, de la civilización Reeke. No retrocederán
contra nada... entonces están peleando una guerra de dos
frentes con nosotros, y con Loveh también.”
“¿El gobierno decidió seguir peleando?” Elly
investigó.
Creo que es una locura. Cortaron el financiamiento de los
hospitales recientemente. Acordé tomar una reducción salarial
para mantener los recursos dedicados a donde deben ser.” Elly
echó un vistazo alrededor casualmente, buscando por Kim, pero
no podía encontrarlo. Dio un sorbo a su margarita.
“¿Reducción salarial? Eso es horrible. Pienso que eso
no debería suceder. ¿Sabías que, éste año, el promedio de
esperanza de vida bajó de cincuenta a treinta?
Los azules ojos de Elly crecieron de par. “¿En serio?
Trabajo en un hospital, y éstas son noticias para mí.”
“No estoy seguro de que el gobierno quiera lanzarlas.
La moral ya está lo suficientemente baja como está ahora. El
Ministro Harfield y Lady Miang quieren ocultarlo. En cuanto a mí,
abogando por la democracia, estoy contra la idea.”
“¿Qué harás para convencerlos de lo contrario?”
Ken abrió su boca, visiblemente a punto de expresar una
larga respuesta, pero la campana para la cena sonó. Agitó la
mano de Elly y le dio una despedida casual. Ella suspiró
internamente; estaba impaciente por escuchar los planes del
joven general. Mientras se daba la vuelta, dos manos presionaron
sus hombros, y ella reconoció el masajeo familiar.
“¿Tienes hambre?” Preguntó Kim.
“Bastante.”
Kim se encontró a sí mismo repitiendo platillo. La
comida servida era de la mejor que había probado en un largo
tiempo, un dramático cambio hecho no menos significante por el
hecho de que esto estaba sucediendo en una recepción. Las
recepciones eran notorias por servir mala comida.
“Grandiosa comida,” comentó en su camino de vuelta,
cuando notó que era el primero guiando al cuarto entero detrás
de él en segundos.
El General Malkuth rió. “Disfrútala. Vives mas tiempo
así.”
Kim rió con el resto de la mesa. Sólo Elly permaneció
silenciosa mientras las palabras del General Sigfried flotaban a
su mente.
El promedio de esperanza de vida bajó de cincuenta a
treinta
Le
robó un vistazo a Kim, quien rió de nuevo a otra broma. Kim
tenía veintiocho. Estaba casi cerca de la marca. Ella misma tenía
veintiocho. Apenas ésta mañana, Kim había traído el tema de
comenzar una familia.
¿En qué tipo de mundo crecería? ¿Qué tipo de vida
viviría? ¿Qué aprendería? ¿Cómo aprendería? ¿Cómo viviría
sin una madre y un padre?
“¿Elly? ¿Elly?” Ella escuchó, y consiguió
desencajarse de sus pensamientos. “¿Podrías por favor
pasarme la mantequilla?”
“Sí,
Enseguida.”
Ella dijo, consciente de que la expresión de miedo había
sido notada por Kim. Levantó la bandeja de mantequilla y se la
pasó a Kim, quien la tomó y continuó comiendo.
Ésta comida era buena, y ella eventualmente comía una
segunda porción de filete, pero el inherentemente excelente
sabor fue humedecido por el veneno de su mente.
La porción de presentación de la recepción era
bastante aburrida, como de costumbre. Kim se forzó para
mantenerse despierto mientras concesiones aparentemente no
relacionadas con cualquier solo acontecimiento eran presentadas.
Cuando finalmente llegó a la discusión de los eventos
actuales, el doctor despertó. Ambos de los generales dieron
vuelta a sus sillas para hacer frente a la Asamblea al frente
del escenario. Alineando la parte trasera del cuarto para las cámaras
y micrófonos de la prensa libre.
Kim escuchó las mundanas noticias, tales como informes
de negocios y otros eventos. Mantuvo sus oídos pelados para el
asunto de cuidado médico, que afectaba directamente a su
esposa, así como los informes en su investigación de nanomáquinas.
Vio a una mujer levantarse. Era una mujer muy delgada,
con busto grande y misterioso cabello púrpura. Era
extremadamente atractiva, pero también hablaba con un tono que
comandaba autoridad.
“Saludos a todos. Soy Miang Hawwa, la Primera Dama de
Valeria. A nombre del gobierno de Zeboim-Valeria, estaré
moderando ésta porción de las discusiones. Me gustaría
primero pedir al Ministro de Salud Harfield hablar sobre los
asuntos de cuidado médico.”
El aplauso sonó mientras Miang tomaba asiento, y
Harfield pasaba al frente. Despejó su garganta y empujó sus
anteojos de cadena de vuelta a su gran nariz. “Damas y
caballeros, bienvenidos a la Cena de Recepción Anual de
Ministros. Para comenzar, me gustaría discutir el proyecto de
nanomáquinas que Valeria está inicializando. Lo llamamos el
Proyecto de Regeneración Humana con Nanomáquinas. Aquí, para
hablar más sobre el proyecto, está el Doctor en Filosofía,
Kim Kasim.
Hubo un aplauso más. Elly se dio la vuelta de repente.
Para ella, esto era inesperado. Pero él sonrió levemente y sacó
un discurso del bolsillo de su tuxedo, caminando hasta el
podium.
Mientras Kim examinaba a la gente alrededor de las mesas,
sus ojos descansaron por más tiempo en los de la esposa del
Primer Ministro. Aunque la encontraba bastante atractiva, eso no
era por lo que la estaba observando tan fijamente...
...Era porque se había dado cuenta que ella lo veía tan
fijamente de vuelta. Antes de poder romper su mirada fija
libremente, la boca de Miang cayó, y miró hacia otro lado, y
entonces sus labios se encresparon en una sonrisa de satisfacción.
Kim se paró en el podium y entregó su discurso. Cuando
lo escribió, mantuvo en su mente el hecho de que estaba
hablando a una audiencia general, y no un cuarto lleno de
profesores. Explicó generalmente cómo funcionaban las nanomáquinas:
eran pequeñas máquinas microscópicas diseñadas para replicar
una célula biológica. La meta actual del proyecto, dijo, era
encontrar una forma de reparar tejido humando dañado por la
extrema radiación. Eventualmente, encontrarían otros métodos
de crear e implantar órganos enteros.
Cuando terminó, hubo un aplauso casual, pero la esposa
del Primer Ministro se paró sobre sus pies, mostrándole una
ovación levantada. Vacilantes, los otros en el cuarto llenos
del ejemplo de Miang la siguieron, y antes de que se diera
cuenta, el salón entero estaba relampagueando con el sonido de
manos aplaudiendo. Kim fue llevado de vuelta por la recepción;
no había sido si quiera un discurso tan bueno. Mientras el
aplauso moría, Miang se levantó y caminó alrededor de él,
alcanzando la mano de Kim y agitándola furiosamente. Puso sus
labios cerca de su oído. “Es un gran honor conocerte,” ella
susurró. “Alguna vez, me gustaría conocerte de nuevo.”
Antes de que retrocediera, dejó sus suaves labios moverse de su
oído para plantar un casual saludo en su mejilla. Le dio un guiño
secretamente y caminó lejos del podium evasivamente
Kim se sonrojó mientras bajaba los escalones, esperando
que no hubiera lápiz labial en su mejilla. Esto, de seguro, iba
a estar plasmado en los tabloides de toda a ciudad.
“¿Qué diablos fue eso?” Elly preguntó incrédulamente
cuando él regresó a la mesa. Primero, Kim presentó un
discurso del cual no había dicho nada, y luego la esposa del
Primer Ministro le da un beso delante de mitad de la nación...
Kim encogió los hombros, agarrando una servilleta para
limpiar su mejilla. Envolvió un brazo alrededor de Elly, como
si hacerlo lo limpiara de la sucia sensación que recibió de la
otra mujer. “No tuve partida en eso. No sé por que me hizo
eso. Francamente, es extremadamente humillante.”
El General Sigfried se inclinó a su mesa. “Doctor
Kasim, ¿Qué diablos fue eso?”
Kim movió los hombros de nuevo. “No lo sé. La esposa
del Primer Ministro debe estar loca.”
“Una mujer misteriosa, es Miang,” comentó Karellen.
“Ciertamente no lo encontré muy divertido,” ambos
Kim y Elly dijeron, casi al mismo tiempo.
Kim se dio conciencia de los alrededores de nuevo, cuando
algo cautivó su oído. Uno de los reporteros de la parte
trasera estaba haciendo una pregunta. “...acerca
de los cortes al cuidado médico, ¿Cómo proveerán a la gente
con los servicios que necesitan cuando no ponen dinero al
sistema?”
El Ministro Harfield respondió de forma sucinta y
profesional para hacer al reportero parecer absurdo e ingenuo.
“Obviamente, debemos dar fondos al proyecto de nanomáquinas
antes de que sea posible poner la nueva tecnología en uso. Una
vez que las metas del proyecto sean completadas, el presupuesto
entero será transferido al sistema de cuidado médico, en donde
empezaremos tratamientos de radiación para hombres, mujeres, y
niños. Por el momento los métodos son caros y tienen pocas
probabilidades de éxito. Pero incluso las pruebas preeliminares
que el Doctor Kasim ha hecho muestran resultados prometedores.
Sin el presupuesto para las nanomáquinas, no tenemos forma
efectiva para tratar el envenenamiento por radiación que continúa
amenazando nuestras vidas.
En su mesa, el General Sigfried se levantó, Elly sabía
exactamente lo que iba a preguntar; francamente, estaba aliviada
de que él hablara. “Ministro, le ruego me perdone, ¿Pero no
cree que tomar los recursos del cuidado médico debería ser la
última cosa que hacer si el promedio de esperanza de vida ha
bajado de la edad de cincuenta y cinco a treinta en sólo el último
año?”
Muy esperadamente, hubo una ola de murmullos por la
asamblea. Kim se inclinó hacia Elly. “¿Qué?
¿Esto
es verdad? Solo tenemos treinta años para…"
Elly puso un dedo en sus labios, queriendo escuchar la
respuesta del ministro.
“General, ¿Tiene fuentes?”
“Lo leí en el Reporte Anual de Salud del
gobierno...”
“...Que no ha sido publicado.” El ministro parpadeó.
“La figura en el documento muestra la esperanza de vida
promedio actual. No ha habido cambio del último año a éste año.
Me temo, que ha cometido un error al leer el documento.”
El general agitó su cabeza. “No, señor, estoy
absolutamente seguro de lo que leí.”
“Será probado erróneo cuando el reporte sea lanzado
la próxima semana.”
“¿Cómo sabré que no cambiarán los datos?
“¿Cómo sabe que nuestra recopilación de datos ha
sido terminada?”
“Pero usted mismo, ministro, dijo que el promedio...”
“Gracias, general.”
“Pero...”
“Gracias, General Sigfried. Me gustaría
continuar con mi reporte.” Harfield continuó con su discurso,
pasando del asunto anterior sobre el financiamiento y rehusando
responder más preguntas. El general,
dejado sin habla en su mesa, cruzó sus brazos y se sentó
pesadamente, gruñéndose a sí mismo sobre el gobierno acuchillándolo.
“¿Esto de la esperanza de vida es cierto?” Preguntó
Kim, sosteniendo el brazo de Elly. “¿Sabes algo?” Elly movió
los hombros “N... No
sé...”
“Es un ultraje.” Kim dijo. “No puedo creer que el
gobierno dejara suceder esto. General Sigfried, ¿Es ésta cosa
de la esperanza de vida cierta?”
El general pretendió no escuchar, pero a la insistencia
de Kim, subió la mirada. “Pensé que era cierto. Pero
aparentemente el gobierno quiere retirarlo.”
“Muchos niños han estado muriendo,” entró Elly.
“Sesga un poco las estadísticas, pero aún así, el más alto
índice de mortalidad entre grupos de edades es de infantes
hasta niños de seis años.”
“Pero incluso ahora,” Kim comentó, explorando el
cuarto, “No ves a mucha gente de más de treinta en éste
cuarto.”
“Tengo treinta y ocho, créanlo o no,” dijo el
General Malkuth.
“Yo tengo treinta y dos,” añadió el General
Sigfried.
“Pero todos se ven tan jóvenes.” Kim pausó.
“Puede ser que las muertes de los niños altere un poco los gráficos.
Pero como sea... los niños no deberían estar muriendo.” Kim
agitó su cabeza. Había todas las razones para que trabajara más
duro en su labor. “Elly.
Aún tengo que acompañarte al trabajo. ¿Qué tal éste
Sábado a mediodía?”
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