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Proyecto Elly Presenta
[ Basado en Emoción: La Saga de Zeboim ]

Capítulo 3: Dama de la Nación.

    “Más recursos al esfuerzo de guerra,” la mujer declaró a su marido. “Proteger a los soldados, ingenieros y científicos. Los civiles no son tan importantes. Pueden ser sacrificados por bien mayor.” Ella dio paso por el cuarto lentamente. La prestigiosa dama estaba vestida en un ajustado traje con espacio para el busto que acentuaba su figura de reloj de arena y busto lleno. Tomó una mirada por la ventana que estaba enmarcada con elegantes cortinas de lazo.

    “Pero la gente es importante para la nación,” el hombre respondió, tratando de ojear a su esposa, pero ella rompió la mirada volteándose.

    Se detuvo, luego giró a él de repente, su fleco y cola de caballo saltando animadamente como resultado de su acción. “La gente no existe si somos aniquilados, Señor Primer Ministro Hawwa.”

 

    El Primer Ministro hizo una mueca de dolor, sus ojos cafés angostándose. “Sabes cuánto me desespera, Miang, cuando me llamas así.” Dejó sus brazos caer blandos a sus lados.

    Miang se veía indisculpable. “No pareces escucharme si no lo hago.”

    “Eres mi esposa. ¿Por qué no habría de escucharte?”

    Ella suspiró profundamente. “Ser la Primera Dama es una posición muy invisible, Meiji Hawwa. Ciertamente, la nación no sigue mi consejo. Tus consejeros no siguen mi consejo. He tenido experiencia con la política también... he sido la Gobernadora Municipal por tres años. Bien, admitidamente, no es tan difícil como la posición del gran queso, pero aun así, estoy cansada de que no me pongan atención.”

 

    “Aprobamos el presupuesto para las nanomáquinas.”

    “Y mira a donde nos ha llevado. Estamos tan delante de Loveh gracias a eso. Tenemos una oportunidad de ganar ésta guerra.”

    Hawwa cabeceó. “Tienes razón, Miang. Sugiero que subamos los impuestos para financiar el esfuerzo. Voy a tener que tomar los recursos del cuidado médico... he martillado a la educación bastante ya.”

    “Gracias.”

    El Primer Ministro se sentó en su escritorio y consultó su computadora. “¿Qué hay acerca de las negociaciones diplomáticas con Trewth?

    “Ellos sugirieron cesar el fuego, ¿No es así?”

    “Sí. Estoy pensando en aceptarlo. Nos permitirá centrar nuestros recursos en Loveh.”

    “Estoy preocupada por la reacción pública,” Miang respondió. “Trewth es el país que nos traicionó y atacó primero por nuestro bombardeo al Centro I.T.T. en Loveh. Están en guerra con Loveh también. Me temo que Valeria sea vista como hipócrita. Escuché que Trewth, para corregir los problemas de la radiación, están pensando en deportar todos sus ciudadanos mutados y poco saludables a Loveh.”

    “Pero serán ejecutados ahí.”

    “Precisamente. Tenemos que hacer nuestra parte, como Zeboim-Valeria, para preservar esas vidas. Es bueno para la opinión pública, e incluso mejor en nuestro expediente de hechos históricos. Cuando ganemos, seremos héroes por prevenir las atrocidades del limpiamiento étnico en Trewth y Loveh. Además, no podemos dejar a Trewth tener una mano superior en la reconstrucción de sus recursos, tampoco. Están fuera de misiles nucleares. Nosotros aún tenemos siete frentes de guerra.”

    “Entonces es un ‘no’. Bueno, tal vez si cesaran la idea de la deportación entonces...”

    “Como sea,” respondió Miang. “Tu junta es en media hora, querido. Creo que deberías preparar las recomendaciones financieras.”

    El Primer Ministro cabeceó.

 

    “¿Reducir el cuidado médico? ¡Eso es inaudito!”

    “¿No cesar el fuego? ¡No puedo creerlo, nuestros recursos están siendo abusados!”

    “Calma,” Hawwa recitó. “Tengo muy buenas razones para todo esto.” Ojeó al Ministro de Hacienda, y luego al Ministro de Asuntos Extranjeros. Desdobló un pedazo de papel que Miang le había preparado para leer en caso que hubiera una oposición. Miang era una excelente locutora e incluso una mejor debatista. Ella podría hacer a quien sea creer cualquier cosa, él pensó.

 

    “Primero, reducimos el cuidado médico y destinamos el dinero para el esfuerzo de guerra, especialmente en el Proyecto de Nanomáquinas para la Regeneración Humana. Si no ganamos ésta guerra, entonces, simplemente, Loveh y Trewth nos hundirán bajo tierra... y después de eso, no tendremos a más gente a quien proporcionarle cuidado médico. Segundo, no aceptamos cesar el fuego para que podamos ser los justos salvadores del mundo.” Golpeó un puño en su escritorio, dejando su voz levantarse en discurso patriótico. “Debemos combatir la injusticia de deportar al débil a otros países para ser asesinados. Debemos detener el desastre de destruir los refugios. Debemos atacar a aquellos que comienzan la tendencia de armas químicas. Hay una razón por la que hacemos esto: por la dignidad humana. Si no podemos hacer frente y pelear por lo que creemos, entonces puedo también dimitir ahora, renunciar a ser humano, y morir.”

 

    “Pero, Primer Ministro, nuestra...”

    “La moral tal vez esté baja en la armada. Pero se mejorará si enviamos el mensaje de ‘¿Asesinar mutantes está bien?’ Que ‘¿Armas químicas para los niños está bien?’ Nuestros soldados pelean para convertir lo malo en bueno. Francamente, no quiero decepcionarlos.”

    “Sugiero que hagamos un referéndum sobre éste asunto.”

    Hawwa suspiró. “Gastaremos treinta millones, otros diez millones en la distribución de la información... ¿Por una condenada opinión del treinta por ciento de la población? Podemos salvar nuestros millones. Dénselos a la armada, para que pueda pelear la guerra. El resto va al cuidado médico. Una vez que tengamos a las instalaciones de nanomáquinas trabajando, seremos capaces de revertir la mayoría de los efectos de la radiación. Dando dinero a éste proyecto... que ha producido resultados concretos hasta ahora... podemos ayudar a nuestros militares, y a nuestros civiles; en esencia, le hacemos un inmenso favor a Zeboim-Valeria.” El Primer Ministro cesó su charla, y después de una pausa, preguntó, “¿Hay más preguntas o preocupaciones?”

 

    Ni un solo hombre alrededor de la mesa movió la mano.

    Muy bien. Ejecutaré el resto de mi agenda. Vamos a redondear los números. Tengo los documentos aquí. Pueden realizar pequeños ajustes como lo vean conveniente, pero si planean hacer algún cambio grande, infórmenme. Ministro Saetome, puede distribuir el dinero entre los militares como lo necesite. Ministro Harfield, me gustaría quedarme unos minutos más para hablar con usted. Muy bien, ésta reunión ha terminado. Gracias caballeros, por su tiempo.”

 

    Los otros ministros se filtraron hacia fuera lentamente, algunos dando fulgores de vuelta al Primer Ministro, otros dejando con paso ligero y una sonrisa confidente. Solamente el Ministro de Salud se quedó atrás. Harfield puso sus hombros en la mesa y cubrió su boca con sus manos dobladas para ocultar sus emociones. Un mechón de claro, café cabello cayó sobre su frente.

    “Ministro, me gustaría que dedicara la mayoría del dinero al nuevo proyecto de nanomáquinas. Quiero que reúna a los mejores científicos del país del campo en un sólo cuarto y haga un equipo. Ya tiene los documentos de bosquejo, pero con los fondos adicionales, puede dedicar más recursos al proyecto. Me gustaría verlo terminado tan pronto como sea posible.

 

    El Ministro Harfield cabeceó. “¿Qué hay acerca de la gente que necesita asistencia médica, de quién está tomando los recursos?” Él preguntó suavemente, no mostrando signo alguno de emoción en su voz.

    “Ellos serán ayudados inmensamente, pero sólo si sacamos el proyecto de la tierra. Una vez que descubramos una manera de regenerar el tejido humano perdido, seremos capaces de aplicar las nanomáquinas a cualquier ser humano vivo. Y entonces, seremos capaces de salvar a nuestra gente.”

    El ministro cabeceó. “Lo entiendo.”

    Bien. Me gustaría que comenzara enseguida. Monte un informe para mí en tres días sobre su progreso. Mi preferencia óptima sería que empezara el trabajo de inmediato.

    “Sí, Ministro Hawwa. Empezaré tan pronto como lo organicemos.”

    “No se preocupe por el costo. Quiero que ejecute éste plan sin barrera alguna. Puede irse ahora, Ministro.

 

    “Gracias, señor.” Harfield se levantó de su silla y abruptamente se volteó, sin echar un vistazo detrás mientras ponía la mano en la manija de la puerta y desapareció del cuarto.

    Hawwa se inclinó hacia atrás. Miang estaba usualmente en lo correcto sobre los humanos y la gente en éste país, pero no podía evitar sentirse culpable por tomar dinero del Cuidado Médico. Al menos, él pensó, haciendo el proyecto de nanomáquinas más extenso, sería capaz de ayudar a los mutantes y a la gente en su nación.


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